“La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo” decía Alay Kay, uno de los más grandes informáticos en la historia de la computación.

El futuro no es, de ningún modo, una mera circunstancia azarosa sino, más bien, una maravillosa y pedagógica consecuencia de lo que hacemos día a día.

La construcción del futuro no es, por supuesto, una tarea sencilla. Proviene de un misterioso conjunto de circunstancias personales y colectivas, y se nutre de múltiples fuentes para que sea posible, una de ellas, que es fundamental e indispensable, es precisamente la educación.

El día de hoy asistimos a la conmemoración de nuestra primera década de existencia. Celebramos en este día, los primeros diez años de una historia colectiva hecha con el corazón, las manos, el alma y el sudor de muchos seres humanos, que están aquí sentados y cuya contribución ha sido crucial para haber llegado a donde nos encontramos.

Hace diez años, cuatro visionarios seres humanos – sentados en este presídium e informáticos como Alan Kay – concibieron la posibilidad de forjar un mejor futuro a partir de la construcción de un presente más próspero y generoso, que les brindara a las personas uno de los recursos más preciados que tiene nuestra especie: el conocimiento, la educación y el saber, tres ingredientes imprescindibles para imaginar y crear mejores escenarios.

Fue así como inició un sueño que el día de hoy es una notable realidad, materializada en decenas de alumnos y egresados que constituyen honrosas biografías personales y profesionales, de las cuales nos sentimos muy orgullosos.

La Universidad Riviera significa un precioso puente en el que el presente y el futuro se abrazan, como parte indisoluble de una misma ecuación.

Y en eso radica la grandeza de la universidad, que hoy apreciamos a la distancia de una década recorrida. Nuestra universidad es una institución civilizatoria para que el presente y el futuro no dejen de ser más que una bisagra entre los sueños y su realización.

Hace diez años, el mundo anunciaba tímidamente algunas de las realidades que hoy son evidentes.

Por eso, la Universidad se erigió desde una perspectiva visionaria, sobre un Modelo Educativo en el que la innovación, el emprendimiento, la vinculación y la sostenibilidad fueran los ejes principales.

Y lo hizo considerando un entorno tan interesante como el turismo, ese motor de desarrollo político, económico, social, cultural, que ofrece múltiples oportunidades, pero también grandes retos, como los que estamos viviendo todos los días.

Y es precisamente frente a dichos retos, que cobra más sentido y significado nuestro quehacer universitario.

Hoy más que nunca, en un mundo como el nuestro, en el que parecen disolverse las verdades y pierden fuerza los referentes objetivos, en el que se encuentran en pleno ascenso los extremismos, las vías cerradas y unidimensionales, se impone la obligación de que el conocimiento, el saber, la ciencia y el arte hagan valer su considerable relevancia para conformar un entorno con certidumbre y seguridad, frente al mundo líquido que bien vaticinaba Zygmunt Bauman.

Hoy más que nunca, el cuidado del ambiente y de la naturaleza; la posibilidad de desarrollarnos de manera integral sin comprometer los recursos presentes para las generaciones venideras; y la salvaguarda de la dignidad humana y de las sociedades enteras, se erigen no como una opción, sino como la única vía posible, si queremos seguir siendo dignos de nuestro presente y futuro.

Cada generación tiene frente a sí los grandes retos que le toca afrontar. En nuestro caso, asumimos desde el inicio nuestra responsabilidad en la noble tarea de conformar un mundo más justo, libre, abierto, diverso e incluyente.

Somos una comunidad universitaria con fuertes cimientos en el pasado, actuando en el presente y de cara al futuro, respondiendo en todo

momento a los retos y desafíos que nuestro tiempo demanda. Y así lo seguiremos siendo.

Antes de concluir, queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento a todas aquellas personas que han confiado en nosotros, a todas aquellas personas que han puesto todo de sí para que esto fuera posible, a todas aquellas personas que hacen posible que la magia de la formación cobre presencia todos los días.

Por eso, a todos mis compañeros de trabajo, a nuestros docentes, al Consejo de Administración, a nuestros aliados estratégicos, a nuestros egresados y, por supuesto, a nuestros alumnos, les decimos el día de hoy: muchas, muchas gracias de verdad.

Gracias por ser y por hacer, por confiar en este maravilloso reto que tenemos de conformar una mejor sociedad.

Con este acto iniciamos oficialmente las actividades conmemorativas del décimo aniversario. A lo largo de este año habremos de realizar un conjunto de actividades académicas, culturales, sociales, y deportivas, a través de las cuales honraremos nuestro pasado y presente, y nos impulsarán para la consecución de los objetivos de la siguiente década.

Estos diez años de trayecto andado nos permiten asegurar que tenemos frente a nosotros una larga vida por delante, donde se erigen nuevos horizontes.

Termino recordando a Carlos Calvo, pedagogo chileno, quien decía que “El rol del educador consistirá en ayudar a convertir lo posible en probable y lo probable en realidad”.

Esa ha sido y es – querida comunidad Riviera – nuestra tarea fundacional, y esa es y seguirá siendo nuestra permanente labor, por medio de la cual se cifrará nuestro destino y el de los demás.

“Per Intellectum Transformare”